En el episodio anterior les conté algo que me quedó clarísimo trabajando con IA: el usuario de negocio sigue siendo una capa indispensable del QA.
Esta vez el usuario ya había probado.
- El flujo funcionaba.
- Las reglas de negocio estaban correctas.
- UAT aprobada.
Después hicimos una mejora técnica que no cambiaba la operación, así que no tenía sentido pedirle al usuario que volviera a validar lo mismo.
Hicimos regresión.
Todo pasó.
QA: PASS.
Pero antes de cerrar el despliegue puse una segunda IA a auditar algo diferente: no si el flujo funcionaba… sino qué podíamos haber dejado atrás durante las pruebas.
Y encontró un residuo de QA todavía accesible en producción.
No afectaba al usuario. No rompía el sistema. No alteraba ninguna regla de negocio. Pero no debía estar ahí.
Lo corregimos y añadimos una nueva regla al playbook: antes de cerrar un despliegue, revisar también qué dejó QA atrás.
Y me quedó algo que ahora estoy usando como principio:
No todas las pruebas responden la misma pregunta.
- UAT: ¿esto funciona como opera el negocio?
- Regresión: ¿rompimos algo que ya funcionaba?
- Auditoría: ¿se nos quedó algo que no debería estar?
Tres preguntas distintas. Tres capas distintas.
Y sí… a veces las tres dicen PASS antes de que yo diga:
«Ahora sí. Cerramos.»