Esta semana llevábamos unas seis iteraciones de QA con apoyo de IA sobre un desarrollo.
Prueba. Hallazgo. Corrección.
Otra prueba. Otro hallazgo. Otra corrección.
Y así varias veces, hasta llegar a un punto donde técnicamente todo se veía bastante sólido.
Entonces pensé: ¿producción? No.
Faltaba una prueba que para mí es igual de importante: la de alguien que conoce la operación de verdad.
Porque la IA puede hacer muchísimo en QA. Puede recorrer flujos, repetir pruebas, encontrar errores, detectar regresiones, probar escenarios inesperados y volver a hacerlo después de cada corrección. Pero puede pasar todos los tests y aun así existir una regla de negocio que esté mal.
Y eso me ha hecho cambiar bastante la forma en la que veo el QA cuando desarrollo con IA. Ya no pienso: «La IA lo probó. Listo.»
Lo estoy viendo más como capas:
- IA → encuentra, prueba y repite muchísimo más rápido.
- Equipo técnico —humano o asistido por IA— → corrige, interpreta y valida.
- Usuario de negocio → confirma que aquello que construimos realmente funciona como debe funcionar en la operación.
Y después de seis rondas de QA, esa última persona todavía puede mirar la pantalla y decir:
«Sí… pero nosotros esto no lo hacemos así.»
Y puede tener toda la razón.
La IA está acelerando muchísimo la forma en la que construimos software.
Pero entender el negocio sigue siendo otra cosa.